
¿Debemos utilizar las mismas herramientas de evaluación para todos los procesos de reclutamiento y selección?
abril 4, 2019El factor invisible que determina el éxito de un equipo
Hace unos días estaba conversando con unos amigos sobre un tema que escucho cada vez con más frecuencia en las organizaciones: lo difícil que se ha vuelto lograr la permanencia, el compromiso y la conexión de las personas con sus lugares de trabajo.
Como muchas personas saben, mi propósito de vida está profundamente relacionado con reconocer el talento de las personas y conectarlo con organizaciones donde puedan desarrollarse y aportar valor. Así que aquella conversación estuvo cargada de reflexiones, experiencias y, por supuesto, algunas catarsis.
Sin embargo, hubo una historia que captó especialmente mi atención.
Una de las personas presentes me confesó que estaba arrepentida de haber cambiado de empleo. No por el trabajo en sí, ni por el salario, ni siquiera por las responsabilidades. El problema era otro.
Me dijo:
"Aquí no se puede preguntar."
Al principio pensé que exageraba, pero continuó explicando.
Cada vez que alguien hace una pregunta en una reunión, la reacción suele ser algo parecido a:
"Deberías saber eso, para eso te contrataron."
O peor aún:
"En tu posición no deberías tener esa duda."
¿El resultado?
Las personas prefieren guardar silencio durante las reuniones y luego buscarse en los pasillos para confirmar si entendieron correctamente lo que se discutió. Las dudas no desaparecen; simplemente cambian de escenario.
Y mientras nadie pregunta, los malentendidos aumentan, las expectativas se confunden y los resultados terminan viéndose afectados.
Fue entonces cuando la conversación nos llevó a un concepto que, aunque no siempre se menciona en las organizaciones, tiene un impacto enorme en el desempeño de los equipos: la seguridad psicológica.
¿Qué es realmente la seguridad psicológica?
En términos simples, la seguridad psicológica es la sensación de que podemos expresarnos dentro de un equipo sin miedo a ser castigados, ridiculizados o excluidos.
Es la confianza de poder:
- Hacer preguntas.
- Compartir ideas.
- Expresar desacuerdos.
- Pedir ayuda.
- Reconocer errores.
- Admitir que no sabemos algo.
Y aunque parezca algo básico, la realidad es que no sucede en todos los entornos laborales.
Muchos profesionales llegan cada día a organizaciones donde el silencio es más seguro que la participación.
¿Qué ocurre cuando no existe seguridad psicológica?
Pensemos por un momento en una reunión de trabajo.
El líder presenta una nueva estrategia.
Algunas personas tienen dudas.
Otras ven posibles riesgos.
Alguien incluso detecta un error importante.
Pero nadie dice nada.
No porque estén de acuerdo.
No porque no les importe.
Simplemente porque temen las consecuencias de hablar.
Poco a poco comienzan a aparecer ciertos comportamientos que se vuelven habituales:
Comportamientos frecuentes
- Las personas evitan expresar opiniones diferentes.
- Las preguntas disminuyen.
- Los errores se ocultan o se minimizan.
- Las reuniones tienen poca participación.
- Las decisiones rara vez son cuestionadas.
- La conformidad reemplaza el pensamiento crítico.
Desde fuera, este tipo de equipos pueden parecer estables. Hay pocas discusiones, pocos conflictos visibles y aparente armonía.
Pero en realidad ocurre algo muy distinto.
Lo que hay es silencio.
Y el silencio rara vez es una señal de salud organizacional.
El costo invisible del miedo
Cuando las personas sienten miedo de hablar, la organización paga un precio muy alto.
Los problemas se detectan tarde.
Las oportunidades de mejora se pierden.
La innovación disminuye.
Las relaciones se deterioran.
Y el desempeño comienza a depender más de la suerte que de la colaboración efectiva.
Entre las consecuencias más comunes encontramos:
Consecuencias organizacionales
- Menor capacidad de innovación.
- Problemas operativos que permanecen ocultos.
- Relaciones laborales basadas en la desconfianza.
- Ambientes de trabajo tensos.
- Menor compromiso de los colaboradores.
- Resultados inconsistentes y difíciles de sostener en el tiempo.
Lo más preocupante es que muchas veces estos equipos cumplen con los objetivos mínimos. No fracasan de manera evidente.
Sin embargo, tampoco alcanzan todo el potencial que podrían lograr.
Y la diferencia entre ambos escenarios suele estar en algo tan simple —y tan complejo— como la posibilidad de poder hablar con libertad.
Una reflexión para cerrar
Después de aquella conversación me quedé pensando en cuántas organizaciones están perdiendo ideas brillantes, soluciones valiosas y aportes significativos simplemente porque alguien sintió miedo de levantar la mano y decir:
"No entiendo."
"Tengo una opinión diferente."
"Creo que estamos pasando algo por alto."
La seguridad psicológica no es una moda ni una tendencia pasajera. Es una condición fundamental para construir equipos saludables, capaces de aprender, innovar y generar resultados sostenibles.
Y quizás la pregunta que todos deberíamos hacernos es:
¿En nuestro equipo las personas se sienten realmente seguras para hablar?
Me encantaría conocer tu experiencia
¿Has trabajado en un equipo donde podías expresar tus ideas libremente?
¿O has vivido situaciones donde hacer una pregunta parecía un riesgo?
Te invito a compartir tus anécdotas, reflexiones y experiencias. Estoy segura de que muchas personas pueden aprender de ellas.
Y si este tema resuena contigo, te invito a mantenerte pendiente de la segunda parte de esta conversación, donde hablaremos sobre los beneficios que la seguridad psicológica aporta a los equipos y las organizaciones, y cómo los líderes pueden construir entornos donde las personas se atrevan a aportar su mejor versión cada día.
Continuará…
Ivelisse Ramírez | IR ✨




